lunes, mayo 23, 2005

Una pequeña revelación filosófica

Esta semana he estado trabajando en un hospital de voluntario. Aquellos que me conocen podrán imaginarse que la cosa al comienzo no fue muy agradable. Lentamente, a punta de paciencia y auto boosts de confianza para poder entrar a cuartos de gente que no conozco, cogerlos de la mano y escuchar sus multiples problemas, a veces reales, a veces imaginados , dolores reales, dolores del cuerpo, dolores del remordimiento, ya estoy logrando un mayor nivel de tranquiliadad con la disciplina. Después de una semana de experiencia ya he desarrollado una piel un poco más gruesa pero también una empatía mucho más afinada. Una identificación con la persona que está ahí tirada en la cama tal vez muriéndose, tal vez no, tal vez por culpa propia, tal vez por motivos que desconoce. Y con esa identificación he llegado a la conclusión de que uno de los mitos en los que había creído hasta hoy era completamente falso. LA VIDA DEL FILOSOFO NO ES LA MEJOR VIDA QUE MERECE SER VIVIDA. Desde los Griegos venimos dándonos contentillo con ese cuento de que la vida dedicada al estudio de los intelectuales perdurables es la mejor vida que puede tener el ser humano y el antídoto más eficaz contra el sufrimiento. Ya debí haberme dado cuenta de que ello no era cierto cuando la mayoría de mis profesores en la universidad, esplendor y corona de la filosofía nacional, no sólo no eran felices sino que no vivían en paz con ellos mismos ni con sus mismos colegas. En este sitio de fragilidad humana, de materia, de este mundo, he visto gente más tranquila y más adecuada a su misma mortandad, a sus mismas limitaciones que jamás han meditado sobre los inteligibles ni se preocupan por la opacidad referencial de las metáforas en los lenguages no formales. Para quienes no hay mayor diferencia entre Westinghouse y Wittgenstein. Gente que con la serenidad de quien se quita los pantalones antes de irse a la cama, piensan en lo importante de su vida y son conscientes de sus verdaderos logros y sin pretensiones saben qué es lo que les espera y qué es lo que le quieren decir a Dios. Una de dos, o la razón no da la felicidad o no estamos usando nuestra razón bien -lo cual me hace pensar que este cambio de carrera fue algo productivo. AHHHHRGH. Feeling way too preachy and anxious. No será más por hoy.


Dance Macabre. Lubeck.

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