Para Adón Pronek en pago de una conversación perdida
El 27 de julio de 1656 (hace 350 años) los parnasim y rabinos de la comunidad sefaradí de Amsterdam decidieron excomulgar al jóven Bento de Espinosa, Baruj bar Mijael por sus heréticas ideas sobre Dios y el Universo. El jóven Baruj, de 24 años, no se dignó a comparecer ante los Sabios de Ley arriesgándose a sufrir la misma suerte de su pariente Uriel DaCosta. Ausente del tribunal estaba también su maestro Rabbí Mennashe Ben Israel quien, hace años había visto sus prometedoras habilidades intelectuales y ahora se hallaba en Inglaterra negociando la readmisión de su pueblo a las costas inglesas. Y así, en un cuarto pequeño, olorosa tal vez del tabaco crecido en el lugar dónde hasta hace poco se levantaban las Torres gemelas, este decreto fue pronunciado:
Con la sentencia de los ángeles y con el dicho de los santos, con el consentimiento del Dios bendito y el consentimiento de toda esta Santa Comunidad y en presencia de estos santos libros, con los seiscientos trece preceptos que en ellos están escritos, nosotros excomulgamos, apartamos y execramos a Baruch de Espinoza con la excomunión con que excomulgó Josué a Jericó, con la maldición con que maldijo Elías a los jóvenes y con todas las maldiciones que están escritas en la Ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche, maldito al acostarse y maldito al levantarse, maldito sea al entrar y al salir; no quiera el Altísimo perdonarle, hasta que su furor y su celo abracen a este hombre; lance sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de esta Ley, borre su nombre de bajo de los cielos y sepárelo, para su desgracia, de todas las tribus de Israel, con todas las maldiciones del firmamento, escritas en el Libro de la Ley. Y nosotros, los unidos al Altísimo, vuestro Dios, todos vosotros: advirtiendo que nadie puede hablar oralmente ni por escrito, ni hacerle ningún favor ni estar con él bajo el mismo techo ni a menos de cuatro codos de él, ni leer papel hecho o escrito por él.
Este episodio, en toda su trágica parafenarlia, es uno de los momentos fundacionales de la modernidad y por lo mismo, rodeado de esa aura mítica: el héroe de la modernidad enfrentando a los dragones del oscurantismo. No obstante, éste es un mito, una cortina de humo que oculta el hecho verdaderamente relevante. La excomunión o jerem, a pesar de su dramático lenguaje, era la única herramienta de una comunidad que carecía de fuerza coercitiva para garantizar la obediencia de sus decretos. Más aún, esta herramienta era usada con cotidiana frecuencia. Excomulgados fueron deudores morosos, jóvenes que se rehusaban a pagar la dote prometida a sus esposas, comerciantes que habían prometido donaciones y habían demorado sus pagos. Excomulgados fueron los rabinos y los profesores de la comunidad de Amsterdam. No sólo los sofisticados herejes como Baruj o Uriel.

La idea de la excomunión era poner a la persona por fuera de la comunidad y de esta manera forzarlo a cumplir con las condiciones propuestas por la comunidad. El ostracismo era una herramienta particularmente poderosa en la comunidad judía y en el resto de las comunidades minoritarias en Europa. Recordemos que los judíos no eran ciudadanos de los países que habitaban y, por lo tanto, sus miembros sólo tenían derechos en cuanto miembros activos de una comunidad tolerada. Si la persona era expulsada de la comunidad, perdía de facto todos sus derechos frente al estado que reconocía a la colectividad pero no al individuo. Sólo hasta las revoluciones ciudadanas del siglo xviii, los judíos serían otorgados derechos en tanto ciudadanos e individuos.
La verdadera revolución Spinoziana fue haber decidido no obedecer este jerem: decidir que el individuo podía vivir por fuera de su existencia colectiva en la comunidad religiosa o étnica, que el individuo podía representarse a sí mismo en el mundo sin la necesidad de intermediarios. En este caso, la judeidad de Spinoza fue una aliada de su revolución, si Spinoza hubiera sido holandés, la iglesia calvinista hubiera podido mandar a sus fuerzas policiales para obligarlo a reconciliarse con la Iglesia Reformada Holandesa. Pero un miembro tranquilo de una comunidad minoritaria sin capacidad policial, pudo escurrírsele entre los dedos al sistema que había definido la vida social de Europa desde la polis griega.
La idea de la excomunión era poner a la persona por fuera de la comunidad y de esta manera forzarlo a cumplir con las condiciones propuestas por la comunidad. El ostracismo era una herramienta particularmente poderosa en la comunidad judía y en el resto de las comunidades minoritarias en Europa. Recordemos que los judíos no eran ciudadanos de los países que habitaban y, por lo tanto, sus miembros sólo tenían derechos en cuanto miembros activos de una comunidad tolerada. Si la persona era expulsada de la comunidad, perdía de facto todos sus derechos frente al estado que reconocía a la colectividad pero no al individuo. Sólo hasta las revoluciones ciudadanas del siglo xviii, los judíos serían otorgados derechos en tanto ciudadanos e individuos.
La verdadera revolución Spinoziana fue haber decidido no obedecer este jerem: decidir que el individuo podía vivir por fuera de su existencia colectiva en la comunidad religiosa o étnica, que el individuo podía representarse a sí mismo en el mundo sin la necesidad de intermediarios. En este caso, la judeidad de Spinoza fue una aliada de su revolución, si Spinoza hubiera sido holandés, la iglesia calvinista hubiera podido mandar a sus fuerzas policiales para obligarlo a reconciliarse con la Iglesia Reformada Holandesa. Pero un miembro tranquilo de una comunidad minoritaria sin capacidad policial, pudo escurrírsele entre los dedos al sistema que había definido la vida social de Europa desde la polis griega.
La libertad para el individuo ganada por Spinoza al declararse el primer hombre moderno, el individuo sin ataduras, claramente ha pasado a convertirse no sólo en un derecho que creemos natural sino también en una necesidad del hombre occidental. En este sentido, Spinoza es un héroe de la modernidad. Pero como todo héroe verdadero, Spinoza es un héroe trágico: la libertad del individuo ha producido también la soledad moderna. El individuo sin ataduras es también un individuo sin asideros. El individuo que ha perdido su conexión con el grupo también ha perdido buena parte de su brújula moral.

¿Qué hacer? ¿Acaso es posible una reconciliación de Spinoza, el hombre -no el filósofo- con la colectividad? ¿Acaso podemos vivir el sueño de Spinoza sin caer en sus pesadillas? ¿Acaso puede Spinoza perdonar a los rabinos de Amsterdam? ¿Acaso podemos, como Ben Gurion, venir trescientos años después y perdonar a Baruj?
¿Qué hacer? ¿Acaso es posible una reconciliación de Spinoza, el hombre -no el filósofo- con la colectividad? ¿Acaso podemos vivir el sueño de Spinoza sin caer en sus pesadillas? ¿Acaso puede Spinoza perdonar a los rabinos de Amsterdam? ¿Acaso podemos, como Ben Gurion, venir trescientos años después y perdonar a Baruj?


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