Eso no significa que no haya lugares sagrados en el judaísmo. La tierra de Israel en su totalidad tiene un estatus especial en la legislación y en la espiritualidad judía y es una parte irremplazable y vital del funcionamiento adecuado de la cultura y la religión judía en su totalidad. No obstante, en principio, no se da ninguna preferencia a alguna parte de la tierra de Israel como más santa o como especial. Cronológicamente en la Torá, los israelitas son mandados a construir un Tabernáculo como el centro religioso de la nueva nación liberada de Egipto y como el punto de encuentro entre lo humano y lo divino. Este Tabernáculo (mishkán en Hebreo, lit. "sitio de la morada [de Dios]") era una estructura portátil, el cual es trasteado inmisericordemente a través del desierto durante los cuarenta años del Éxodo. En el Deuteronomio, que señala el fin del Éxodo y preludia la entrada a la tierra de Israel, se hace constante referencia al "lugar que elegirá el Señor para hacer morar allá su nombre". Este sitio especial para la erección del Tabernáculo no es especificado por el texto deuteronómico. Durante la conquista de la tierra, a manos de Josué, el Tabernáculo pasea por toda la tierra asentándose finalmente en el pueblo de Shiló (Siloé), donde descansa por unas generaciones. No es sino hasta el comienzo del reinado davídico (año 1000 antes de la Era Común) cuando el Tabernáculo encuentra su morada final en la recién conquistada ciudad de Yevús, llamada Jerusalén (Yerushalayim) por David. Es Salomón, hijo de David, quien reemplaza el Tabernáculo portátil del desierto por una estructura permanente eregida sobre uno de los montes de Jerusalén: el Templo de Salomón. Desde ese momento, el lugar del Templo y en especial el lugar de sacra sanctorum (sitio donde reposa el Arca de la Alianza) cobran una importancia central en el judaísmo. Este sitio se convierte en el omphalos mundi, en el sitio de encuentro de lo humano y lo divino, en el centro del Universo judáico (y en virtud de esto en el centro del universo occidental hasta nuestros días). La literatura midráshica enfatiza la relevancia cósmica de este lugar localizando muchos de los momentos críticos del universo en ese lugar: ese fue el punto de dónde comenzó la luz en el primer día de la creación, es el lugar de donde fue extraído el polvo con el que fué modelado Adán, fue el sitio donde Caín y Abel ofrecieron sus sacrificios, fue el sitio donde Abraham casi sacrifica a su hijo Isaac.
La importancia de este lugar, sin embargo, no radica en su significado místico o religioso sino también en su relevancia económica y social. El Templo de Salomón (o Primer Templo) era el centro económico de la confederación israelita: una fracción considerable del producto agrícola de la sociedad israelita acaba en las arcas del Templo lo cual a su vez impulsaba el desarrollo urbano y cultural de la ciudad de Jerusalén y del pueblo judío. Dada la obligación, prescrita en la Torá, de hacer tres peregrinajes anuales al Templo, éste también constituía el centro social de la polis hebrea. Tres veces al año todos los habitantes del país confluían en Jerusalén para celebrar las fiestas de peregrinaje (Pascua, Pentecostés y Fiesta de los Cambuches) y, con esto, se generaban alianzas, se intercambiaba información y también se educaba a la gente en las Leyes de la Torá. La dicha del primer Templo duró unos cuatrocientos años. En 586 AEC, el rey babilonio Nabucodonosor, como parte de su campaña punitiva contra Judea, destruye el primer Templo y toma a la nobleza y a los sacerdotes del Templo cautivos a Babilonia ("Junto a los ríos de Babilonia donde nos asentamos ahí lloramos cuando recordamos a Sión" Salmo 137). Ochenta años después, el emperador persa Ciro, quien había tomado control de todo el Medio Oriente autoriza a los judíos a retornar a su tierra y a reconstruir su Templo. A pesar de que algunos judíos volvieron, bajo el liderazgo de Ezra el escriba, muchísimos de ellos se quedaron en Babilonia dando orígen a una de las diásporas más antiguas y más renombradas del pueblo judío: los judíos de Babel.
Con el retorno de los cautivos comienza también, después de muchos obstáculos administrativos, la construcción del Segundo Templo en el sitio donde se alzaba el primero. Cuando éste fue terminado, pronto tomó el lugar económico y religioso del Primer Templo aunque ya desde ese entonces una invención del exilio babilonio, la sinagoga, comenzaba a tomar más importancia en la vida comunitaria local de los judíos. Los imperios persa y griego, bajo los cuales habitaron los judíos en esta época del Segundo Templo, vieron en el Templo una forma de mantener a la población judía contenta y, hasta cierto punto, autónoma. Mientras los judíos pudiesen vivir de acuerdo a sus leyes, las cuales involucraban en gran parte al Templo, la provincia de Judea sería fiel a Persia o a Alejandro y sus sucesores. Esta arreglo sólo fue quebrantado durante el reinado de regente griego Antíoco Epífanes quien saqueó el Templo e inició de este modo la revuelta de los Macabeos la cual condujo al último período de independencia judía hasta nuestros tiempos. Poco después vinieron los romanos y convirtieron al reino independiente de Judea y a su Templo en parte de la provincia romana de Iudea. Esta provincia, desde el comienzo, fue un dolor de cabeza para los romanos cuya insistencia en la divinidad del Emperador entraba en abierto conflicto con el monoteísmo judío. Calígula, por ejemplo, insistió en poner su efigie en el Templo y sólo su muerte prematura evitó una sangrienta guerra civil. No obstante, esta época romana de gran tribulación también vió el momento más esplendoroso del Templo. Heródes, el rey idumeo puesto por los romanos en el trono, decidió refaccionar el modesto segundo Templo y convertirlo en una de las maravillas del mundo antiguo. Después de varios años de construcción y espinosas negociaciónes alrededor del complejísimo mundo sectario del judaísmo de comienzos de la era común donde celotes, fariseos, saduceos y místicos esenios competían por la supremacía religiosa del pueblo judío, Herodes terminó su refacción del Templo. La característica más sobresaliente era la gigantesca plataforma de piedra sobre la cual se alzaba la nueva estructura, dominando todo el monte del Templo y parte del monte de Sión. La belleza del Templo herodiano duró muy poco. La despótica Roma Imperial se cansó bastante rápido de la revoltosa provincia de Iudea y envió a su general más destacado, Vespasiano, a sojuzgarla. Tras haber destruído los asentamientos y la resistencia judía en el resto de la provincia, Vespasiano se dirigió a la capital y centro del judaísmo para darle su golpe final. No obstante, fue su hijo Tito quien terminó la funesta labor ya que en la mitad de la campaña, Vespasiano fue declarado César. El Segundo Templo fue destruído, así como el resto de la ciudad de Jerusalén y los últimos vestigios de independencia judía, en el noveno día del mes de Av (Julio-Agosto) del año 70 de la Era Común.

La paganización forzada de Judea no acabó con el encanto y el poder de este lugar. Cuando los conquistadores musulmanes llegaron a Jerusalén en 637 y vieron que el sitio del Templo estaba siendo usado como un relleno sanitario por los cristianos bizantinos (herederos de Roma), construyeron ahí una mezquita: la mezquita de Al-Aksa (La mezquita más lejana) desde donde, de acuerdo al hadith, Muhammad ascendió a los cielos. En 690 el califa ordenó la construcción del santuario llamado el Domo de la Roca sobre el sitio donde tradicionalmente se cree estuvo el sacra sanctorum del Templo de Salomón.
Con la conquista cruzada de la ciudad en 1099, la mezquita y el domo fueron transformadas en iglesias: el famoso Templum Domini. Este fue el cuartel general de los Caballeros del Temple que tanto acaloran a los fanáticos de Dan Brown y de las sagas esotéricas hollywoodescas. A pesar de las fabulosas leyendas templarias, lo que sí es cierto es que bajo su égida el sitio del Templo volvió a ser el centro económico y social de la Provincia, esta vez del Reino Cristiano de Tierra Santa.
Todo el complejo volvió a manos musulmanas en el siglo xiii con la conquista de Tierra Santa por Salah-al-din (Saladino). A pesar de que en el siglo xvi toda la provincia, como el resto del Medio Oriente, cayó bajo el dominio turco, el sitio del Templo ha sido usado como un santuario musulmán desde el siglo xiii (de acuerdo a la opinión de algunos constituyendo el tercer sitio más sagrado del Islam después de las ciudades de Mecca y Medina). Mientras tanto, bajo el dominio de Saladino y, mucho después, de los turcos, el acceso al Muro fue permitido para los judíos (a veces este acceso era irrestricto, a veces era restringido simplemente a ciertas festividades).
Cuando el Imperio Otomano se desintegró, la provincia de Palestina pasó a manos de los británicos quienes respetaron el derecho de las dos religiones a venerar en el sitio y trataron de hacer refacciones estructurales en ambas partes del complejo (tanto el Muro como la Mezquita habían sufrido el peso de los años y de varios terremotos que azotaron la zona). Con la declaración del Estado de Israel en 1948, tropas jordanas toman posesión de la Ciudad Antigua de Jerusalén y con ella del Muro (prohibiendo así el acceso de feligreses judíos a su sitio más sagrado).
En 1967, durante la guerra de los seis días, tropas aerotransportadas israelíes toman posesión de la ciudad antigua. Con los primeros paracaidistas que llegan al Muro llega también el gran rabino de Israel quien exclamó con júbilo por la radio "Har Habayyit beyaddenu" "El Monte del Templo está en nuestras manos". Desde entonces el Muro ha sido abierto de nuevo al culto judío mientras que la parte musulmana permanece bajo la jurisdicción de un consejo religioso independiente que administra y conserva los santuarios musulmanes.
Todo esto para decir, simplemente, que hoy tuve el Monte del Templo en mis manos.La importancia de este lugar, sin embargo, no radica en su significado místico o religioso sino también en su relevancia económica y social. El Templo de Salomón (o Primer Templo) era el centro económico de la confederación israelita: una fracción considerable del producto agrícola de la sociedad israelita acaba en las arcas del Templo lo cual a su vez impulsaba el desarrollo urbano y cultural de la ciudad de Jerusalén y del pueblo judío. Dada la obligación, prescrita en la Torá, de hacer tres peregrinajes anuales al Templo, éste también constituía el centro social de la polis hebrea. Tres veces al año todos los habitantes del país confluían en Jerusalén para celebrar las fiestas de peregrinaje (Pascua, Pentecostés y Fiesta de los Cambuches) y, con esto, se generaban alianzas, se intercambiaba información y también se educaba a la gente en las Leyes de la Torá. La dicha del primer Templo duró unos cuatrocientos años. En 586 AEC, el rey babilonio Nabucodonosor, como parte de su campaña punitiva contra Judea, destruye el primer Templo y toma a la nobleza y a los sacerdotes del Templo cautivos a Babilonia ("Junto a los ríos de Babilonia donde nos asentamos ahí lloramos cuando recordamos a Sión" Salmo 137). Ochenta años después, el emperador persa Ciro, quien había tomado control de todo el Medio Oriente autoriza a los judíos a retornar a su tierra y a reconstruir su Templo. A pesar de que algunos judíos volvieron, bajo el liderazgo de Ezra el escriba, muchísimos de ellos se quedaron en Babilonia dando orígen a una de las diásporas más antiguas y más renombradas del pueblo judío: los judíos de Babel.
Con el retorno de los cautivos comienza también, después de muchos obstáculos administrativos, la construcción del Segundo Templo en el sitio donde se alzaba el primero. Cuando éste fue terminado, pronto tomó el lugar económico y religioso del Primer Templo aunque ya desde ese entonces una invención del exilio babilonio, la sinagoga, comenzaba a tomar más importancia en la vida comunitaria local de los judíos. Los imperios persa y griego, bajo los cuales habitaron los judíos en esta época del Segundo Templo, vieron en el Templo una forma de mantener a la población judía contenta y, hasta cierto punto, autónoma. Mientras los judíos pudiesen vivir de acuerdo a sus leyes, las cuales involucraban en gran parte al Templo, la provincia de Judea sería fiel a Persia o a Alejandro y sus sucesores. Esta arreglo sólo fue quebrantado durante el reinado de regente griego Antíoco Epífanes quien saqueó el Templo e inició de este modo la revuelta de los Macabeos la cual condujo al último período de independencia judía hasta nuestros tiempos. Poco después vinieron los romanos y convirtieron al reino independiente de Judea y a su Templo en parte de la provincia romana de Iudea. Esta provincia, desde el comienzo, fue un dolor de cabeza para los romanos cuya insistencia en la divinidad del Emperador entraba en abierto conflicto con el monoteísmo judío. Calígula, por ejemplo, insistió en poner su efigie en el Templo y sólo su muerte prematura evitó una sangrienta guerra civil. No obstante, esta época romana de gran tribulación también vió el momento más esplendoroso del Templo. Heródes, el rey idumeo puesto por los romanos en el trono, decidió refaccionar el modesto segundo Templo y convertirlo en una de las maravillas del mundo antiguo. Después de varios años de construcción y espinosas negociaciónes alrededor del complejísimo mundo sectario del judaísmo de comienzos de la era común donde celotes, fariseos, saduceos y místicos esenios competían por la supremacía religiosa del pueblo judío, Herodes terminó su refacción del Templo. La característica más sobresaliente era la gigantesca plataforma de piedra sobre la cual se alzaba la nueva estructura, dominando todo el monte del Templo y parte del monte de Sión. La belleza del Templo herodiano duró muy poco. La despótica Roma Imperial se cansó bastante rápido de la revoltosa provincia de Iudea y envió a su general más destacado, Vespasiano, a sojuzgarla. Tras haber destruído los asentamientos y la resistencia judía en el resto de la provincia, Vespasiano se dirigió a la capital y centro del judaísmo para darle su golpe final. No obstante, fue su hijo Tito quien terminó la funesta labor ya que en la mitad de la campaña, Vespasiano fue declarado César. El Segundo Templo fue destruído, así como el resto de la ciudad de Jerusalén y los últimos vestigios de independencia judía, en el noveno día del mes de Av (Julio-Agosto) del año 70 de la Era Común.

Arco de Tito en Roma: los soldados romanos cargan los instrumentos
del Templo como botín de guerra
Unos cincuenta años después, cuando los vientos revolucionarios soplaban de nuevo en Iudea, el emperador Adriano decidió borrar para siempre la causa del problema: en el sitio donde los dos Templos habían existido por casi mil años, Adriano construyó un templo a Zeus. La ciudad de Jerusalén fue bautizada como Aelia Capitolina y la entrada a los judíos a la misma prohibida. La provincia de Iudea (Yehudá o Yudá) fue renombrada Palestina en honor a los habitantes filisteos que habían desaparecido de ella hace más de ochocientos años. El único fragmento del Templo judío que no pudo ser destruido completamente fue la parte occidental del muro de contensión de la plataforma herodiana. Este es el famoso "Muro de los Lamentos" (llamado así por la costumbre de lamentarse ante él por la ruina del Templo) o, para los judíos, simplemente "Hakotel" (El muro) o "Hakotel Hama'araví" (El muro occidental). Este muro, dice nuestra tradición, mantiene la santidad del Templo que ser irguió sobre él y "la presencia de Dios no se mueve de él jamás". Convirtiéndose así en el sitio más santo (tal vez el único) del judaísmo.del Templo como botín de guerra
La paganización forzada de Judea no acabó con el encanto y el poder de este lugar. Cuando los conquistadores musulmanes llegaron a Jerusalén en 637 y vieron que el sitio del Templo estaba siendo usado como un relleno sanitario por los cristianos bizantinos (herederos de Roma), construyeron ahí una mezquita: la mezquita de Al-Aksa (La mezquita más lejana) desde donde, de acuerdo al hadith, Muhammad ascendió a los cielos. En 690 el califa ordenó la construcción del santuario llamado el Domo de la Roca sobre el sitio donde tradicionalmente se cree estuvo el sacra sanctorum del Templo de Salomón.
Con la conquista cruzada de la ciudad en 1099, la mezquita y el domo fueron transformadas en iglesias: el famoso Templum Domini. Este fue el cuartel general de los Caballeros del Temple que tanto acaloran a los fanáticos de Dan Brown y de las sagas esotéricas hollywoodescas. A pesar de las fabulosas leyendas templarias, lo que sí es cierto es que bajo su égida el sitio del Templo volvió a ser el centro económico y social de la Provincia, esta vez del Reino Cristiano de Tierra Santa.
Todo el complejo volvió a manos musulmanas en el siglo xiii con la conquista de Tierra Santa por Salah-al-din (Saladino). A pesar de que en el siglo xvi toda la provincia, como el resto del Medio Oriente, cayó bajo el dominio turco, el sitio del Templo ha sido usado como un santuario musulmán desde el siglo xiii (de acuerdo a la opinión de algunos constituyendo el tercer sitio más sagrado del Islam después de las ciudades de Mecca y Medina). Mientras tanto, bajo el dominio de Saladino y, mucho después, de los turcos, el acceso al Muro fue permitido para los judíos (a veces este acceso era irrestricto, a veces era restringido simplemente a ciertas festividades).
Cuando el Imperio Otomano se desintegró, la provincia de Palestina pasó a manos de los británicos quienes respetaron el derecho de las dos religiones a venerar en el sitio y trataron de hacer refacciones estructurales en ambas partes del complejo (tanto el Muro como la Mezquita habían sufrido el peso de los años y de varios terremotos que azotaron la zona). Con la declaración del Estado de Israel en 1948, tropas jordanas toman posesión de la Ciudad Antigua de Jerusalén y con ella del Muro (prohibiendo así el acceso de feligreses judíos a su sitio más sagrado).
En 1967, durante la guerra de los seis días, tropas aerotransportadas israelíes toman posesión de la ciudad antigua. Con los primeros paracaidistas que llegan al Muro llega también el gran rabino de Israel quien exclamó con júbilo por la radio "Har Habayyit beyaddenu" "El Monte del Templo está en nuestras manos". Desde entonces el Muro ha sido abierto de nuevo al culto judío mientras que la parte musulmana permanece bajo la jurisdicción de un consejo religioso independiente que administra y conserva los santuarios musulmanes.
Esta mañana, acompañado de mis compañeros de clase, presenciamos la donación de un nuevo rollo de la Torá para los servicios conservadores que se realizan en el Muro. Si el Muro que ven en estas fotos no les parece conocido o no es el "Muro Tradicional", es porque no lo es. Esta es una parte del muro ubicada en un parque arqueológico al sur del muro tradicional. La razón por la cual rezamos en esta parte es porque, dado que en nuestro movimiento es permitido a los hombres y a las mujeres rezar juntos, esto ha llevado en el pasado a fricciones con las personas ortodoxas que requieren una separación estricta de los sexos en todo contexto ritual. Es cuestión de interpretación y entre gustos no hay disgustos, pero a mí me gusta mucho más nuestro Kótel, con los pies firmemente puestos en la calzada romana y las piedras removidas por Tito aún cubiertas de tizne, polvo de los siglos y la esperanza de nuestras plegarias respondidas.
¿Do están las manos que removieron estas piedras? ¿Do está la gloria de Roma?
¿Y dime si no están ahora los hijos de los exiliados de vuelta?
Camina alrededor de Sión
Dale vueltas,
Cuenta sus torres,
Escrutina sus plataformas,
Atraviesa sus ciudadelas
Para que puedas contarlo en un día futuro.
Que Dios es nuestro Dios para siempre.
El nos guiará para siempre. (Salmo 48.14-15)
Dale vueltas,
Cuenta sus torres,
Escrutina sus plataformas,
Atraviesa sus ciudadelas
Para que puedas contarlo en un día futuro.
Que Dios es nuestro Dios para siempre.
El nos guiará para siempre. (Salmo 48.14-15)






1 comentario:
Lo de Jerusalén como "centro de occidente" yo lo entiendo (sobre todo) a nivel histórico. Nuestras ra�ces, como occidentales, en �ltimas refieren todas a Grecia o a Jerusal�n. Toda la filosof�a, arte, literatura, ciencia, etc. son respuestas a preguntas planteadas en alguno de esos dos lugares. En el caso de Jerusal�n (entendida tambi�n como met�fora del pueblo jud�o), es muy impactante para m� el v�nculo directo entre las preguntas que abren "occidente", junto con Grecia hace dos-tres milenios, por un lado, y por otro lado la vigencia actual en la cultura del mundo.
10.19.06 - 3:50 pm
bloom » Al final de Sukkot, en el último día, hay una oración especial para la lluvia -de la cual depende toda el agua en Israel-. Este a�o, el resultado fue inmediato: la misma noche despu�s de decir la oraci�n, comenz� a llover en Jerusal�n. Ojal� Dios respondiera nuestras otras oraciones de manera tan eficiente. Aunque, no nos quejamos, la lluvia es buena. Y si, por cualquier cosa, llueve. Gail entra a su casa y no come en la sukk�. ;)
10.18.06 - 7:25 pm
bloom » Sobre el gran rabino, averiguaré si también saltó en paracaídas. En todo caso me parece un muy buen skill para los rabinos -grandes y peque�os-. A ver si as� aterrizamos todos estos elevados conceptos.
10.18.06 - 6:55 pm
bloom » Cierto herr Guillot. Occidente tiene muchos centros: Atenas, Londres, Berlin, Nueva York. Cuando digo que Jerusal�n es el centro del mundo occidental lo digo en el sentido de que hasta el d�a de hoy sigue capturando la atenci�n del mundo. El Tiempo publica al menos tres p�simas notas sobre el Medio Oriente cada d�a. Los ojos del mundo est�n puestos sobre lo que pasa ac� de una manera desproporcionada a la cantidad de gente que la habita o incluso a la cantidad de muertos que el conflicto produce. �Cu�nto sabemos del problema en Indonesia? �En Pakist�n? Muy poco. Pero todo el mundo declara ser un experto en el Medio Oriente. De alg�n modo este sigue siendo el ombligo del mundo. Y, Shaikai, Dios lo oiga. Dios lo oiga.
10.18.06 - 1:10 pm
shaikai » Debe de haber sido una experiencia extraordinaria. Y bueno, la primera vez que me hago una idea medianamente real de su rostro. Destaca que el sitio sea hoy d�a un epicentro de grupos en tensi�n. Sea pues la ocasi�n para enviar mis mejores deseos de que el torbellino amaine alg�n d�a, pues a fin de cuentas lo irresoluble es lo que con m�s urgencia debe ser resuelto.
10.17.06 - 11:13 pm
jp » Por lo general no cae (literalmente) una sola gota de agua sobre Jerusalén entre mediados de abril y finales de octubre. Despu�s, en invierno, puede diluviar, o quedar la ciudad sitiada por ca�das de nieve de m�s de un metro (una vez cada dos a�os, m�s o menos). Pero en esta �poca (normalmente) todav�a no hay lluvia.
10.17.06 - 10:17 pm
javier guillot ¡Wow! ¿Y qué hace su amiga Gail si llueve?
10.17.06 - 8:39 pm
javier guillot Qué post tan ilustrativo, tan interesante, tan propicio a aparecer en una entrada de Wikipedia sobre el Monte del Templo. Herr Bloom, vielen Dank. Me parece apasionante que un s�lo punto del planeta haya sido epicentro de tanta actividad (de toda �ndole) durante tantos siglos. Dada la altura del muro herodiano que rodeaba la plataforma, imagino que el Segundo Templo deb�a ser enorme. A m� tambi�n, con jp, me parece m�s impresionante este trozo. Me llama la atenci�n, en la �ltima foto, que no aparezcan multitudes. �El gran rabino tambi�n se lanz� en paraca�das, con los dem�s soldados? ... Hubo, por otro lado, una afirmaci�n que me llam� mucho la atenci�n: "en el centro del Universo judaico (y en virtud de esto en el centro del universo occidental hasta nuestros d�as)". Sin duda alguna, y como usted lo ha mostrado con creces, Jerusal�n es un punto de referencia ineludible en la historia del universo occidental, pero no s� si eso la califique como el "centro" de ese universo hasta el d�a de hoy. En �ltimas, entre gustos no hay disgustos, pero yo tender�a m�s bien a pensar que el universo occidental tiene muchos centros. Alles Gute.
10.17.06 - 12:30 pm
jp » También me parece impresionante ese trozo del kotel donde estuvieron hoy dedicando la Torá - más caótico que el ortodoxo, m�s sembrado en este mundo de piedras y deslizamientos de terreno (geol�gicos, f�sicos, sociales, etc.).
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