Todo comenzó con palabras piadosas. “Deus volunt” (¡Dios así lo quiere!). Urbano II pone en marcha las Cruzadas enviando marejadas de piadosos caballeros cristianos, de charlatanes, de eremitas, de bellacos a reconquistar la Tierra Santa de las manos de los Sarracenos. La marejada, lenta al comienzo, comienza a moverse desde Francia hacia el Oriente. Tras pocos días de marcha, las lanzas de los Cruzados, sedientas de la sangre del Sarraceno, se topan con comunidades judías viviendo a orillas del Rín. Las lanzas cruzadas, deseosas de purgar Tierra Santa de los infieles, comienzan su trabajo en las lejanas y frías riberas alemanas. Uno tras otro los guetos son consumidos por el fuego y por la espada. Worms y Speyer fueron dados el mismo ultimátum: conversión o muerte. Los más eligieron la segunda, ya fuera a manos de los soldados, a manos del Rín implacable o a manos de sus padres y amigos. Algunos pocos encontraron salvación para su cuerpo y sus creencias tras las altas murallas del palacio arzobispal de Worms: una piadosa luz de misericordia en un “piadoso” mar de fuego.

Cementerio Judío de Worms
Uno de estos sobrevivientes, Rabbi Meir ben Rabbi Yitzhak de Worms, escribió el fabuloso poema “Akdamut”. Organizado como un doble acróstico que sigue el orden del alefato hebreo (alef alef, bet bet, guimel guimel,…) seguido por el nombre del autor, este poema de 90 líneas nos presenta un claro panorama de las creencias de este sobreviviente. Las comunidades de Israel del Rín, tras haber pasado por esta dura prueba, han superado a los ángeles en su fidelidad. Las tentaciones de las naciones no son capaces de convencer a la nación de abandonar su Pacto. Finalmente, Dios mismo aparece y recompensa a los Justos con felicidad eterna.
Poco después de ser escrito este poema entró en el orden litúrgico de las comunidades judías del Este de Europa y Alemania. Usualmente es leído antes de leer el trozo de la Torá en el primer día de la fiesta de Pentecostés (Shavuot). Su melodía particular también es la base musical para las bendiciones sobre el vino en los tres festivales de peregrinaje. La rima de este poema, cuyas noventa líneas acaban en la sílaba ta (escrita en arameo con las letras tav y alef, la última y primera letra del alefato correspondientemente) tiene un significado especial. Ya que en Shavuot celebramos la revelación de la Torá en el Monte Sinaí, este poema nos recuerda que el estudio de la Torá es interminable e infinito. Cuando llegamos a la última letra (la tav) debemos inmediatamente volver a la primera letra (la alef), comenzando el ciclo de nuevo.
A continuación presento una lectura de los primeros versos de este poema en el arameo original en su cantilación tradicional y una traducción –algo rudimentaria- de todo el poema.
אַקְדָמוּת מִילִין, וְשָׁרָיוּת שׁוּתָא:
אַוְלָא שָׁקִילְנָא, הַרְמָן וּרְשׁוּתָא:
בְּבָבֵי תְּרֵי וּתְלַת, דְאֶפְתַּח בְּנַקְשׁוּתָא:
בְּבָרֵי דְבָרֵי וְטָרֵי, עֲדֵי לְקַשִׁשׁוּתָא:
גְבוּרָן עָלְמִין לֵיה, וְלָא סִפֵּק פְּרִישׁוּתָא:
גְוִיל אִלּוּ רְקִיעֵי, קְנֵי כָּל חוּרְשָׁתָא:
דְיוֹ אִלּוּ יַמֵּי, וְכָל מֵי כְּנִישׁוּתָא:
דַיְירֵי אַרְעָא סַפְרֵי, וְרַשְׁמֵי רַשְׁוָתָא:
הֲדַר מָרֵי שְׁמַיָא, וְשַׁלִיט בְּיַבֶּשְׁתָּא:
הָקֵם עָלְמָא יְחִידָאֵי, וְכַבְּשֵׁיהּ בְּכַבְּשׁוּתָא:
וּבְלָא לֵאוּ שַׁכְלְלֵיה, וּבְלָא תְשָׁשׁוּתָא:
Akdamut
Una introducción a mis palabras y un comienzo a mi discurso
Empiezo pidiendo autorización y permiso
En dos o tres secciones, comenzaré con trepidación
Con el permiso de Aquel que creó todo y lo guarda hasta su madurez
Suya es la fuerza eterna, tanta que no puede ser descrita
Aún si los cielos fueran pergamino, y los bosques plumas
Si los océanos fueran tinta, así como todas las agua reunidas
Si los moradores de la tierra escribanos y amanuenses de iniciales
La gloria del Amo del Cielo y Señor de la Tierra firme
Por sí mismo estableció el mundo y lo limitó con sus límites
Lo perfeccionó sin fatiga y sin cansancio
Y con una letra ligera carente de sustancia
Preparó toda su obra en seis días
El esplendor de su Majestad ascendió a su trono ígneo
Una hueste de mil miles y de diez mil [ángeles] Lo sirven
Nuevos ángeles brotan cada mañana- ¡Cuán grande es Su magnificencia!
Aún mayores son los Serafines, seis veces alados
Inmóviles y mudos hasta recibir permiso
El cuál reciben el uno de otro y juntos, sin titubear, [dicen]
“¡El mundo entero está lleno de Su gloria!” tras decir tres veces “¡Santo!”
Como una voz brotando frente al Todopoderoso, como las aguas de una inundación
Los querubines responden a los galgalim, loando fuertemente
Lo que a los ojos que miran parecen flechas de un arco
Doquier son lanzadas, ellas se apresuran ansiosas
Ellos bendicen “Bendita Sea su gloria”, en toda lengua hablada
Del lugar de la casa de Su presencia, el cual no necesita ser buscado
Rugiendo, todo el ejército en lo alto, alaban estremecidos
“¡Sea su Reino resplandeciente de una generación a la otra!”
Ordenado este Santo servicio, una vez su hora ha pasado
Siempre terminando, sin repetirse, cada siete años
Pero su herencia [el pueblo de Israel] es mejor ya que con regularidad
Ellos lo convierten en su único deseo, al amanecer y al ocaso,
Designados como su heredad para cumplir Su voluntad
Sus maravillas y sus alabanzas repiten a cada hora
[Ya que] Él deseó, anheló y esperó que se esforzasen [en aprender la Torá]
Por ello acepta sus plegarias, y éstas son eficaces
La corona de Aquel que vive eternamente es la guirnalda de un juramento
Que junto a sus preciosas filacterias reposa constantemente
Esto está escrito en éstas, con sabiduría y conocimiento
La grandeza de Israel, aquellos que recitan el “Shema” (Deut. 6:4-9)
La alabanza del Señor del Mundo es una elocución pura
Que me obliga a pronunciarla en presencia de reyes
Los descarriados aparecen como las olas del mar
Y sorprendidos preguntan [sobre Israel], pidiendo pruebas
“¿Quién es tu amado, excelsa en belleza,
Que por Él mueres en el foso de los leones?
Bella y excelsa serías si te acercaras a nuestro dominio
Concederíamos tus deseos en todo lugar”
Con Sabiduría ella [Israel] responde para que entiendan:
“Si vuestros Sabios Lo conociesen con plena consciencia
¿Qué valor tiene vuestra grandeza comparada con Su alabanza?
Las grandezas que Él hará por mí cuando llegue la redención
Cuando me traiga a la luz y a ti te cubra con culpa
Cuando su gloria sea revelada con poder y con grandeza
Pagará medida por medida a aquellos que odian y se separan
Y hará justicia a aquellos que ama y han ganado su mérito
Cuando Él traiga el júbilo absoluto y los nuevos recipientes
A la ciudad de Jerusalén cuando recoja a los exiliados
Su Presencia la guardará por los días y por las noches
Su tienda nupcial construirá en ella, coronada de alabanzas,
Con nubes brillantes para embellecer la tienda
Sobre sillas de oro con siete adornos
Los justos comparecerán ante Él con sus muchos méritos
Y su apariencia será como los de aquellos saciados de júbilo
Como la bóveda celeste en su esplendor de sus estrellas brillantes
Una belleza que los labios no alcanzan a describir
La cual no ha sido oída ni vista en ninguna profecía
Sobre la cual ningún ojo se ha posado: el interior del Jardín del Edén
Allá encontrará a la alegría danzando frente a la Presencia divina
A Él señalarán “Este es Él” con trepidación
“A Él esperamos en nuestro cautiverio con fe férrea
Él nos guiará para siempre, siempre en lozana juventud,
Nuestras porciones determinadas habiendo sido separadas
-El juego del Leviatán y del buey alto
Cuando sus cuernos se enreden en combate
Con sus cuernos el Behemoth arrollará con su fuerza
El pez saltará para atacarlo con sus aletas y su vigor
Su creador llegará con su majestuosa espada
Y preparará un banquete para los justos y cenarán.
Se sentarán a la mesa de piedras preciosas y gemas
Antes los ríos bullentes de bálsamo
Se deleitarán y saciarán de copas rebosantes
De vino dulce, añejado desde la Creación del Mundo
¡Oh Justos! Que han oído la alabanza en esta canción
Sea así que también estén entre esta compañía
Sentados en las filas delanteras del banquete
Si escuchan Sus palabras que emanan majestuosas
“¡Dios es exaltado! En el comienzo y cuando todo termine
Nos deseó, nos eligió y nos dio la Torá”